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La Opinión de Horacio Krell

PASIÓN POR EL TRABAJO

por Horacio Krell*

 

Los triunfadores sienten pasión por el trabajo. Crean caminos naturales hacia la meta que los lleva a generar  productos y servicios excepcionales.

 

Los  que se enamoran de la vida es porque desarrollan el  empowerment, el poder interior que todas las personas tienen pero que muy pocas saben aprovechar. 

La pasión por el trabajo no se asemeja a  la  pasión por el dinero. Generalmente los que obtienen la riqueza material lo consiguen como resultado de que aman lo que hacen.

Vivimos en  sociedades alienadas donde se trabaja por el dinero porque se supone que es el intermediario ideal para obtener lo que se desea. Pero la trampa es que el trabajo ocupa gran parte de la jornada y por lo tanto esa conducta es la causa del fracaso.

En la escala de necesidades humanas comenzamos por satisfacer las de subsistencia y a ascendemos en la búsqueda de seguridad, reconocimiento social y realización personal.

 

Amar la vida. El amor no es una relación con una persona específica. Quien no conoce su misión en la vida o  la perdió está triste, pesimista o deprimido. Le falta la pasión. Esa pasión puede ser un proyecto que no lo deja dormir, la ciencia, el trabajo o el estudio. La pasión es ese algo que lo aleja del triste destino de durar, del miedo, de imitar, de asustarse ante una arruga, de encerrarse y no disfrutar el regalo del presente.

Lo importante es descubrir la pasión y ser protagonista. No es tan malo morir, la muerte no se olvida de nadie. Lo trágico, es no animarse a vivir, a ser feliz y a enamorarse  de la vida. La pasión es una fuerza creativa.

 

Yo quiero. Nos enseñaron que el trabajo es aburrido o doloroso y que para aprender la letra con sangre entra. No nos enseñaron  que lo verdaderamente importante es saber lo que queremos y que el trabajo es el medio para conseguirlo.

El que está fascinado con lo que hace no está mirando el reloj. Sabe que  sabe y al mismo tiempo lo que emprende es para él un desafío.

El estado de flujo es una sensación de plenitud que pone las emociones  al servicio de construir la aptitud para vivir y darle inteligencia a la pasión. Lo negativo es vivir en el pasado, esperar lo que nunca llegará, lamentar lo que no tiene remedio, desear algo y no hacer nada para conseguirlo.

 

Yo puedo. El triunfador perfecciona sus métodos que son su mayor riqueza.

Para mejorar hay que aprender siempre, incluso del error:  el feedback con la realidad es  lo  que impide  que el  error se convierta  en hábito.

La visión del futuro deseado  es la forma en que el porvenir nos tiende su mano.  El pasado aporta la experiencia, el método nos señala el cómo y el por qué surge del yo quiero. Hay que tener la misión en la mente y en el corazón. Quien  tiene un por qué puede superar cualquier cómo.

El poder se concreta en el hacer. Hay que prestar atención a las acciones que se realizan,  para observar si las mismas apuntan al objetivo.

En la primera persona de los verbos creer y crear converge la palabra creo. Es el faro que ilumina. La voluntad es el barco y el timón es el motor de la emoción. Hay que apropiarse de la idea, quererla, planearla, ejecutarla  y controlar el resultado. La atención y la energía puestos en la metas se reciclan continuamente para convertir el espíritu en materia. El creador es el mejor imitador que tiene Dios en la tierra.        

                                                                                                                   

Desorientación vocacional. Nacemos indeterminados, el cerebro del niño es una página en blanco. Entre el ser y el hacer debe existir una relación de  potenciación.

Las preguntas estratégicas son: ¿Dónde estaba ayer? ¿Dónde estoy hoy? ¿Dónde quiero estar? ¿Como haré para conseguirlo? Así emerge la tensión creativa entre la situación actual y la visión del futuro.

Tenemos un gigante dormido en la rutina. La misión define la razón de ser, las acciones deben alinearse. Entenderlo evita  desviaciones. La misión se concreta por objetivos. Sin objetivos la misión es vana, sin misión el objetivo es ciego. La visión es una imagen  realista y atractiva que vive el futuro en el presente  y nos aclara cómo nos sentiremos al llegar. Los valores son lo que guían el viaje. Misión es el propósito: indica qué somos, dónde estamos y a dónde vamos.

El sí es más fuerte que el no, el deseo puede más que el temor.  La visión muere si es inviable y rebaja el entusiasmo. Cuando se asocian la misión, la visión, las metas, los valores y la motivación, el todo supera a la suma de las partes. El propósito otorga dirección: es explorar el espacio. La visión es específica: cómo llegar a la luna. El fin es abstracto, la visión es concreta. Es un proceso continuo  de hacer foco en el deseo.

 

Pasión por el arte. Paganini comienza a tocar. De pronto una cuerda de su violín se rompe. El director y la orquesta se detienen pero Paganini sigue tocando. La orquesta vuelve a tocar. Al rato otra cuerda se rompe. El director paró, la orquesta paró. Paganini sigue sacando sonidos de lo imposible. Una tercera cuerda se rompe. El director se paralizó, la orquesta también, la respiración del público se detuvo. Paganini, en cambio, sigue. Como si fuese un mago, arranca sonidos con la última cuerda de su violín destruido. El director se anima, la orquesta se motiva, el público pasa de la inercia al delirio. Paganini alcanza la gloria. No es sólo un violinista genial, es el símbolo de quien enfrenta lo imposible. La vida no rompe la cuerda del talento, está viva y sigue tocando. La vida nos deja siempre una última cuerda para que elijamos qué hacer con ella.

Elijamos la inteligencia a la adversidad, el peor intento a no realizar ninguno. Así despertará el Paganini dormido que habita en nosotros.  Afinemos la cuerda que conecta los hemisferios cerebrales porque si desafina genera la lucha que describe Pascal: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.

La cuerda mágica armoniza ciencia y arte, razón y emoción, concepto e imagen, plan e intuición. Esa cuerda se activa cuando existe la pasión por el trabajo.

 

Detecta tu pasión.  ¿Qué harías si tuvieses 6 meses de vida y contases con todo el dinero para satisfacer tus necesidades? ¿Con quién pasarías tu tiempo? ¿Qué actividades realizarías? ¿Que sería lo más importante? ¿Renunciarías a tu trabajo? ¿Cómo gastarías tu dinero? Dinero y prestigio son metas, no son la felicidad.

La mejor prueba de que existe la pasión por el trabajo es preguntarse si lo haríamos gratis o si soñamos con el retiro que es el signo evidente de que falta la pasión. La educación debería enseñar a detectarla ya que sólo las personas felices pueden ser los arquitectos de una sociedad mejor. En el camino a la felicidad hay siempre piedras y errores,  el que no hace no se equivoca pero tampoco aprende.

El punto clave y complementario de la pasión es el método. Cuando le preguntaron a Giuseppe Verdi cuál era el secreto de su longevidad creativa dijo “durante toda la vida busqué la perfección y todavía no la puede alcanzar”.

Cuando haces lo que amas en la vida, nunca aceptes un no como respuesta.

 

* Horacio Alberto Krell es el CEO de Ilvem. Contador Público y Licenciado en Administración UBA. Contacto horaciokrell@ilvem.com

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