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La Opinión de Horacio Krell

LA EXCUSA PERFECTA*

Excusas para no pensar, para no cambiar, para justificarnos. La peor de las excusas es el autoengaño.

“Un maestro llevó a su discípulo a una granja muy pobre para darle una lección. En la granja una familia sobrevivía explotando su única vaca. Una noche el maestro mató a la vaca ante el estupor de su alumno. Al año regresaron: para la sorpresa del discípulo los integrantes de la familia eran ahora prósperos comerciantes”.

Nuestro sistema perceptivo está organizado para ver partes, le cuesta percibir los patrones ocultos en el todo. De allí provienen los errores. Los patrones se repiten, como una ley que gobierna a  los sistemas.

Pensamiento sistémico vs.  natural. Los problemas de hoy son el resultado de soluciones equivocadas del ayer. La solución sistémica es mejor pero difícil de implementar. El pensamiento natural, aunque equivocado, es más simple. Como la excusa, ataca el síntoma pero no la enfermedad.

Los sistemas – como la burocracia- se estabilizan y se resisten a cambiar: nacen, despegan, se mantienen y mueren. La rutina es peligrosa porque detiene el cambio. Los errores no se detectan porque la causa y el efecto están separados en el tiempo.  Así, se van perdiendo de vista los fines originales y la costumbre es la excusa perfecta para seguir haciendo lo mismo. El sistema no se retroalimenta con la realidad.

El pensador sistémico examina el sistema y deduce las leyes que lo rigen. Sabe que la vaca era una excusa, además de observar descubre las causas, comprende que las excusas no cambian nada de lo real y las creencias – verdaderas o falsas- son  las que construyen la realidad.

Mediocridad vs. fracaso. La mediocridad es peor que el fracaso porque si tocamos fondo sólo nos queda subir, en la mediocridad el conformismo y las excusas la hacen soportable. Hay muchas vacas a las que nos atamos: otros están peor que yo, odio mi trabajo pero me da de comer, no soy yo son ellos, no empiezo hasta no estar seguro, unos nacen con estrellas y otros nacen estrellados, lo importante no es ganar sino competir. Las excusas impiden ver la verdad, por lo tanto conviene descartarlas dejando de repetirlas como muletillas porque eso es lo que las deja indemnes.

El test vacuno. Sirve para el diagnóstico y el tratamiento de las excusas: 1) Identifica tu vaca: mentiras, excusas,  pretextos, disculpas, evasivas, escapes  y miedos. 2) Observa qué creencia la sostiene 3) Asume las pérdidas por tu comodidad 4) Lista los beneficios del cambio  5) Incorpora los nuevos hábitos y elimina las excusas.

Vivir sin poner excusas es aceptarte como el arquitecto de tu destino. Por cada idea que quieras lograr deberás hacer un plan e implementar una acción. En el juego de la vida se puede ser espectador o protagonista, el ganador hace que las cosas ocurran y  mata a las vacas con la acción. No dejes que la vida te pase de largo para lamentar luego cada oportunidad  perdida. Tu mente, como el paracaídas, solamente funciona cuando se abre.

La excusa perfecta. Cuando uno sonríe si las cosas le salen mal, es porque ya sabe a quien echarle la culpa. Al encontrar culpables parece que encontramos la solución y nos sentimos víctimas inocentes de errores ajenos. Sin embargo, la pérdida la pagamos nosotros. Como víctimas de acciones pasadas pensamos que nada podemos hacer para cambiar lo que ocurrió, sólo nos queda el resentimiento o la resignación. Podemos poner mil excusas pero en la vida no podemos tener las dos cosas juntas: tenemos excusas o tenemos resultados.

En cambio, desde la actitud generativa aceptamos la realidad y  creamos opciones. Inventamos, probamos, nos hacemos cargo. Nuestro  desarrollo no pasa por lo que tenemos sino qué hacemos con eso para dar respuestas, cancelar la parálisis por exceso de análisis, evitar la queja perpetua y preguntarnos: ¿qué quiero? Así cambiamos el foco, dejamos de ser lo que nos sucede y pasamos a ser lo que elegimos. No podemos elegir qué cartas nos tocan pero podemos jugarlas de manera distinta.

La formación de la excusa.  Se dice que el ser humano utiliza el 10% de su capacidad. Investiguemos cómo nacen las excusas. “Un grupo de científicos ubicó a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un cesto con bananas. Cuando un mono subía, los científicos lanzaban agua helada a los demás. Si algún mono intentaba subir, los otros lo atacaban. Pasado algún tiempo, ningún mono se animaba, por el recuerdo de la experiencia. Entonces, los científicos sustituyeron  un  mono. Lo primero  que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros. Un segundo mono fue sustituido y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza. Un tercero fue cambiado y se repitió el hecho. El cuarto y  el último de los veteranos fueron sustituidos. Quedó un grupo de cinco monos que no recibieron baños de agua fría, y que  sin embargo continuaban golpeando al que intentaba llegar a las bananas. Si fuese posible preguntarles por qué, la respuesta sería: no sé, las cosas siempre se han hecho así  aquí”.

¿Suena conocido? ¿Por qué aceptamos con resignación usar el 10% de nuestra capacidad? Se trata del enorme poder de la costumbre. Cuando somos niños formamos nuestros hábitos y luego esos hábitos nos forman, pareciera ser que  al cabo de un tiempo perdemos el sentido de lo importante y adoptamos formas de obrar que no circulan por la conciencia.

Khun habló del  paradigma como algo más que una  teoría, como una manera de ver el mundo. Cada ciencia se ajusta a un paradigma y cuando se instala nadie puede sacar los pies del plato. El paradigma como la excusa es invisible e incuestionable: como el cristal con que se mira que dura hasta que  se rompe

Las maneras de salir del encierro son: 1) Cuestionar los principios que se usan.  2) No atacar al mensajero de las malas noticias. 3) No barrer la basura debajo de la alfombra.  4) Alentar al que tiene la valentía de subir por la escalera.

No pierdas la oportunidad de pasar esta nota a tus amigos para que  se detengan a pensar por qué nos estamos golpeando  y por qué nos movemos en forma tan precaria. Para cambiar debemos hacer un bench marking que consiste en compararnos con los triunfadores. Su método es distinto: ellos no ponen excusas, saben lo que quieren y hacen que las cosas ocurran. Su poder es inteligente, combina querer con eficacia.

*Horacio Krell horaciokrell@ilvem.com

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