La economía del conocimiento

                                   EL ARTE DE LA MOTIVACIÓN * por Horacio Krell

 


 

LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

Al transportar conceptos de la economía de la empresa como capital intelectual y administración del conocimiento a la economía nacional e internacional se hace imprescindible considerar a la economía del conocimiento.

  

En la economía del conocimiento el prosumidor es una forma evolucionada de la división productor- consumidor que los sintetiza en la misma persona.

La receta para ingresar al sistema capitalista es: poder crear algo vendible, conseguir un empleo o una herencia, obtener una donación, un regalo o un préstamo, casarse con un rico, lograr asistencia social del gobierno, etc. Es la cárcel del dinero para la imaginación.

 

El prosumidor es quien produce para sí mismo o para otros sin cobrar o recibiendo canjes. La economía monetaria no sobreviviría sin este almuerzo gratuito. Este sistema generador de riqueza no aparece en las estadísticas de la economía del conocimiento.

 

Segundo y tercer empleo. Las empresas contratan empleados con hábitos formados en el hogar. Además el prosumidor hace otros aportes: investiga sobre su enfermedad más que su médico, hace de su hogar el segundo empleo, trabaja en el tercer empleo que inventan las empresas, que con la excusa de beneficiarlo, lo obligan a hacer colas para adquirir productos, darles información, armar kits de hágalo usted mismo, etc.

 

El prosumidor es el productor y el consumidor encarnados en la misma persona. Por separado los productores son los que producen y los consumidores los que gastan, mientras que el prosumidor hace las dos cosas. Un prosumidor inteligente invierte en activos que generan renta, en mejoras que aumentan el valor del patrimonio y hace cosas que no compra en el mercado. Muchas de sus creaciones se transforman en negocios monetarios. El mercado de la economía del conocimiento estimula a los prosumidores a innovar. Internet y la World Wide Web, constituyen la red www cuando un ingeniero que quería vincular fragmentos de conocimiento, creó la web. El prosumidor fue Tim Berners-Lee-.

 

El prosumidor se diferencia del consumidor porque recibe beneficios. Para el consumidor el propósito es comprar, pagar y usar. Puede quejarse, solicitar la devolución de su dinero; pero no deja de ser un cliente. Muchas empresas prefieren convertirlos en promotores de sus productos y pasan de: comprar-pagar-usar a comprar-pagar-recomendar-ganar como si fuesen accionistas y a participar en las ganancias. ¿Recuerda cuántas veces recomendó un producto? ¿Recibió algo por recomendar? Ser cliente genera descuentos, promociones, sorteos, e invitaciones a ferias en la que se degustan productos, pero usted terminará gastando para celebrar alguna fiesta. Tiene que sacar plata de su cuenta para ser reconocido como cliente especial. Sí se cambia a prosumidor, va a recibir ingresos.

 

El prosumidor que crea y destruye mercados. Shawn Fannig creo Napster para bajar la música gratis de internet. Fue demandado y debió retroceder. Pero otros tomaron el rumbo. Skype que generó el teléfono gratis por internet puede ser el que anuncie la muerte de la industria de las telecomunicaciones. Y otras formas de salir del mercado pago florecerán.

 

Charles Hull de 3D systems , California, creó en 1984 un programa para fabricar cualquier cosa en casa, que permite realizar una maqueta digital en 3 dimensiones del producto y con herramientas añadir, quitar, unir el material como un impresor que añade tinta . La realización de prototipos es una etapa porque así como las impresoras de propulsión pueden pulverizar la tinta, por qué no se podrá con un laser pulverizar otras sustancias desechando el material innecesario, o unir componentes con autoadhesivos.

  

Cuando baje el costo se podrán fabricar productos como se hacen fotocopias.

Hoy el prosumo desafía al poder en la economía del conocimiento.

 

La hormona de la productividad. Los prosumidores aumentan el crecimiento de la economía del conocimiento con nuevas forma de crear riqueza, que aprovechan los cambios tecnológicos.

 

El conocimiento antiguo era artesanal, con poco cambio, y de transmisión oral. Antes de la invención del dinero nuestros antepasados se alimentaban y vestían a sí mismos. Es decir que producían lo que consumían. Se pensó que con el crecimiento del mercado esto desaparecería.

 

Keynes en la gran depresión, dio la solución al problema del empleo: inyectar recursos a la economía monetaria, para estimular la demanda. Esta idea no se puede aplicar ahora, porque no se sabe, cuantos desempleados y autoempleados hay. Pero aun creando empleos no se soluciona el problema del conocimiento que requieren. Y reciclarse no sirve por la aceleración de los cambios. El desempleo hoy es estructural. Por otro lado hay costos ocultos del dinero, como que el consumidor paga a la cajera, al cocinero, al que lo cuida, etc.

  

Empleados consumidores o emprendedores prosumidores. Un viejo chiste dice: los empleados trabajan lo suficiente como para que no los despidan y los empleadores pagan lo suficiente como para que no renuncien. Se busca empleo por miedo y para satisfacer deseos. Esas emociones se convierten en pensamientos, cuando los consumidores son inducidos a actuar. Otros logran que el dinero trabaje para ellos, no dejan que el miedo o el deseo los domine. El dinero es la zanahoria. Lo que hay que buscar son oportunidades.

 

La capacidad financiera es la de crear riqueza. Si se aprende, se puede vivir sin empleo.

  

Tal como a un árbol: se lo planta, se lo cuida, se lo abona y luego crece solo, y da sombra. Una forma de medir la riqueza es la cantidad de días que se pueden vivir sin trabajar y no por el monto de los consumos. Lo importante es conseguir activos que produzcan ingresos, los ricos empiezan por ahí y no por la casa propia, los lujos son caros. El que trabaja por la paga le sede el poder al empleador, si su dinero trabaja para él, conserva su poder. Las empresas deben educar hacia la empleabilidad futura de sus miembros y/o a su conversión en prosumidores relacionados con ellas. Para eso deben enseñarles a vender que, como ir al gimnasio, duele al principio. No basta con ser bueno, hay que aprender a manejar la economía del conocimiento.

 

Hay que lograr que los hábitos del consumidor no le impidan convertirse en el prosumidor que deberá llegar a ser. Después de todo usted creó sus hábitos y luego ellos lo crearon a usted. Para convertirse en prosumidor sólo se debe vencer la resistencia al cambio.

 

LA UNIVERSIDAD EN LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

En la sociedad de conocimiento, las instituciones educativas son muy importantes. Entre ellas, la universidad es la de mayor prestigio. Pero en la Argentina fallan en formar buenos profesionales, en transmitir el conocimiento y en la capacidad de gobernarse a sí mismas.

  

Como no se dan las condiciones de ingreso ni de proceso el 80% de los aspirantes fracasa en el intento. ¿Cuál es la causa del fracaso? En Argentina la Universidad es visualizada como una forma de obtener prestigio social y no con las necesidades económicas y tecnológicas del país y de las empresas, como sí ocurre en Brasil. Es que la economía del conocimiento debe incentivar la creación de una sociedad del conocimiento. En este sentido, la función de la Universidad de lograr la vinculación socioeconómica debe orientarse a la interacción con los agentes económicos y sociales.

   

En el momento actual la Universidad Argentina no hay una inversión de este tipo, la orientación enciclopedística es la que prevalece en lugar de la investigación aplicada.

  

*Dr Horacio Krell. Director de Ilvem. Secretario de rel. internacionales de UAF Unión Argentina de Franquicias y propulsor de UP Unión de Permutas. Consultas horaciokrell@ilvem.com.

 

Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples (espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística, estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).

 

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