Técnicas de estudio aplicadas

                                   EL ARTE DE LA MOTIVACIÓN * por Horacio Krell

 


 

TÉCNICAS DE ESTUDIO APLICADAS

Las técnicas de estudio de ILVEM nacieron  hace 35 años para responder a tres preguntas:

 

1) ¿Por qué usamos  sólo el 10% de la mente? 2) ¿Por qué desde el sistema político  o educativo no se hace nada al respecto?

3) ¿Por qué se supone que un niño puede estudiar sin aprender antes cómo hacerlo?

 

El cerebro es el gran centralizador de la vida  pero, al nacer, no recibimos la llave de acceso ni el manual del usuario. Descubrirlos, es la gran aventura del hombre.

 

Las técnicas de estudio de ILVEM tienen como fin el desarrollo integral de la mente humana mediante la optimización de las cuatro etapas del proceso intelectual (Recepción – Procesamiento – Expresión – Aplicación):

 

1. Perfeccionan la recepción de la información a través de la lectura veloz comprensiva.  

2. Sistematizan el procesamiento de datos con técnicas de estudio, comprensión, memoria, concentración y audiencia.

3. Desarrolla la capacidad de comunicación interna y con el entorno para aumentar la productividad.

4. Estimula la aplicación de la inteligencia a todos los aspectos de la vida, entrenando el pensamiento creativo, reflexivo, estratégico y sistémico.

                                                                                

La perfección y la destrucción creativa

 

Las técnicas de estudio de ILVEM, tal como se las  conoce hoy, son el resultado de una búsqueda constante. Como dijo  André Gide: "cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado".

 

A lo largo de estos años, aplicamos la estrategia de la  "destrucción creativa", concientes de que la rutina provoca el peligro de repetir las conductas y olvidar su por qué.

 

El siguiente relato ilustra la importancia de las técnicas técnicas de estudio aplicadas:

 

El águila, a los treinta años, está a punto de morir. Su pico ya no puede tomar el alimento, sus uñas debilitadas no pueden capturar  a la presa, sus plumas pesadas no le permiten volar.

 

Entonces, en un  esfuerzo supremo, sube hasta la cumbre y comienza el proceso de cambio. Primero, lija su pico hasta hacerlo caer y espera que le nazca uno nuevo para arrancarse con éste las uñas debilitadas. Con ellas, se quitará las plumas para que le crezcan otras suaves y livianas. Luego, se hace un lifting y el águila vivirá hasta los sesenta años.

 

En ILVEM, realizamos una evaluación continua de nuestras acciones y sus resultados, modificando las tareas improductivas por otras de alto rendimiento. 

 

La propuesta para los futuros alumnos de ILVEM es que realicen un "lifting metodológico". El primer paso, es  crear la tensión creativa que surge al comparar la situación actual (de la que se toma conciencia mediante un test de diagnóstico) con los niveles de excelencia (que se presentan en una demostración explicativa).

Es decir que para salir de la rutina y apuntar a esta meta  partimos del auto conocimiento. El segundo paso, es adquirir los instrumentos apropiados para alcanzarla.

 

Elijamos actuar como el filósofo que hace lo que piensa. Como decía Goethe "pensar es fácil. Actuar es un poco más difícil. Pero actuar como se piensa es lo más difícil de todo". 

 

Sistema holístico y autoestima

 

La interrelación entre las técnicas de estudo conforman un sistema que permite el funcionamiento holístico e integrador de la mente.

 

La inteligencia emocional, racional e instintiva, las técnicas de procesamiento de la información y los dos hemisferios cerebrales, actúan armónicamente para lograr el efecto de sinergia positiva por el cual el todo supera a la sumatoria de las partes.

 

El sistema se sustenta en principios ecológicos que sustituyen la fuerza bruta por la calidad del proceso intelectual. De esta manera, se obtienen resultados óptimos con el mínimo esfuerzo y se promueve el aumento de la autoestima, el capital invisible que posibilita cualquier logro significativo.

 

Combinando adecuadamente el autoconocimiento, la misión en la vida, la visión del futuro deseado, la metodología apropiada para lograrlo y la confianza en uno mismo; se genera el entusiasmo.

 

"Entusiasta" es para los griegos  el que tiene un dios interior que le  permite modificar la realidad. No  necesita ver para creer sino que ve porque  cree: su fe mueve  montañas. El entusiasta,  hace que las cosas ocurran  porque cree que puede.

 

El secreto del éxito y de la buena suerte

 

El éxito no es la casualidad  sino la unión de la oportunidad y la preparación.  La oportunidad no se encuentra sino que se busca y ese es el secreto de la persona exitosa.

 

El azar es incontrolable, en cambio, la buena suerte depende de la respuesta de cada individuo frente a los acontecimientos.

 

La persona con buena suerte es también optimista.

 

El optimista no  vive de ilusiones: es práctico porque sabe cómo volcar las situaciones a su favor.

 

Un presente con futuro

 

Para convertirse en arquitecto de su futuro, el hombre deberá mantener la mentalidad curiosa del niño durante toda la vida.

 

El niño es el padre del hombre porque los hábitos que crea en la infancia son los que luego lo forman como adulto.

 

Para actuar sobre nuestros hábitos, debemos combinar la comunicación interior con el mundo externo, proactividad y  reactividad, eficacia con eficiencia, lógica con imaginación, información con comprensión y conocimiento con sabiduría.

 

El pensador sistémico se adapta a la situación, es eficiente (hace las cosas bien) y eficaz (sabe elegir lo que debe hacer),  no se deja avasallar por la información sino que la filtra con en el conocimiento y a éste le aplica un poder más amplio y antiguo: la sabiduría.       

 

Cómo ser joven toda la vida

 

Hay personas que se mantienen en forma hasta su ancianidad.

 

Verdi  era una de ellas. A los 80 años, fue  consultado sobre el secreto de su longevidad creativa y respondió: "busqué siempre a perfección pero sin poderla hallar". Al perseguirla siempre, mantuvo la calidad como camino a la perfección basándose en la mejora continua.

 

¿Cualquier persona puede transitar este camino? Basta  con preguntarse: dónde estaba, dónde estoy, dónde quiero estar y cómo haré para conseguirlo. Implica dejar  de mirar al costado,  hacia los niveles de una normalidad caracterizada por el bajo rendimiento, y apuntar hacia la excelencia.

 

Al ser humano le ocurre algo parecido a la rana cuando se la hierve a fuego lento: de a poco se va adaptando al medio hasta que muere cuando el agua hierve. Sin embargo, si a esa temperatura otra rana fuera arrojada, se salvaría saltando instantáneamente.

 

El hombre  retrocede día a día sin darse cuenta hasta que es demasiado tarde para producir un cambio. Pero esta no es una ley inevitable: quien elige ser joven toda la vida compensa la declinación del cuerpo y del cerebro con el crecimiento de la mente y del espíritu. Las técnicas de estudio aplicadas contribuyen a lograrlo.

 

¿Quién es el peor enemigo?

 

A veces, nos convertimos en nuestros perores enemigos por la naturaleza negativa del diálogo interno.

 

Aprender a dialogar con uno mismo es construir enunciados activos para reinventarse y conformar  la propia identidad.

 

Descubrirse, es ponerle el sello personal a la vida.

 

En este aspecto, es notoria  la incompetencia del sistema educativo formal para promover el diálogo interior productivo.

 

Esto refleja  la incapacidad media de las personas para expresar en palabras las sensaciones y emociones que, como la punta del iceberg,  denotan la existencia de una extraordinaria capacidad dormida.

 

Transformar el espíritu en materia

 

Cada persona posee una preferencia o tipo dominante. El error  es dejar de ser auténticos para acomodarse a la realidad.

 

Quien utiliza una brújula interior para elegir su preferencia es más efectivo que aquél que aprende a dominar una competencia.

 

La educación formal, al tratar a todos por igual y enseñar contenidos uniformes alejados de las preferencias individuales, pierde la oportunidad de desarrollar el genio que todos llevamos dentro. Por otro lado no se enseñan técnicas de estudio.

 

Para trabajar en equipo, se debe  identificar al inventor que aporta las ideas, al innovador que las lleva a la práctica, al estabilizador que genera la rutina y al armonizador que  conecta al grupo con el mercado. Esto muestra cómo las preferencias pueden complementarse.

 

La energía espiritual de lo que se anhela, se transforma en materia cuando se la hace circular por el carril creativo del cerebro, el hemisferio derecho, que un generador de ideas. Luego, el hemisferio izquierdo se encargará de organizarlas en proyectos y convertirlas en resultados.

 

La planificación es el vehículo que transporta los sueños a la realidad. Para alcanzar una meta importante se necesita un plan. Este criterio, generalmente aceptado, se contradice en la práctica. Así, quien no podría admitir la existencia de un edificio construido "a ojo", en su vida personal es capaz de dejar todo librado al azar. Como planificar no es un don que se lleve en la sangre, hay que tomar conciencia de su importancia.

 

Muchas veces, las personas confunden propósitos abstractos con visiones concretas. Explorar el espacio es un propósito y llegar a la luna es una visión que le da un soporte material a ese objetivo. Como el camino al infierno está plagado de buenas intenciones, es mejor proponerse metas que sean viables y atractivas. Para seleccionarlas, hay que viajar al mundo interior buscando talentos, cualidades, ideas, gustos, proyectos dormidos u olvidados y transformarlos en metas magnéticas, es decir, que nos atrapen, para poder grabarlas en la mente.

 

Existe una fórmula para aprender a planificar estratégicamente: son las técnica de estudio aplicadas. Parte desde el propósito, selecciona  las metas y confecciona los planes que las materializan. Eso implica la coexistencia de varios programas coordinados que apunten en la misma dirección. Los enemigos de los proyectos son: el olvido, la postergación, los planes ineptos y la falta de capacitación. Para seguir a la deriva no hace falta un plan. Repasemos los fundamentos: a) no hay buen puerto para quien no sabe a dónde quiere ir y b) a quien le parece bien cualquier momento, cualquier momento nunca llegará.

 

Entonces no es cuestión de registrar prioridades en la agenda, sino de ordenar la agenda en función de las prioridades. Como el día tiene 24 horas, hay que aprender a usar el tiempo.

 

El buen plan es una hoja de ruta que se pregunta acerca del qué, para qué, por qué, dónde, cuándo, con quién, con qué recursos, cómo, y, a partir de las respuestas, hace el inventario de lo que falta.


Un cambio eficaz no puede detenerse en explicar por qué no se puede, debe orientar para obtener resultados. Se trata de descubrir lo que uno quiere y cómo alcanzarlo.

 

La "creactividad" une el crear con el hacer y la iniciativa.

Los recursos son el optimismo y el compromiso y preguntarse, siempre otra vez, cómo cambiar.

 

Cómo hacer del defecto una virtud

 

Demóstenes, el padre de la Oratoria, era tartamudo. La gimnasia que realizaba para superar su problema consistía en  hablar con piedras en la boca y gritar sus mensajes al mar. De esta forma, logró transformar su fuerza espiritual en un cambio positivo.

 

El hombre es el único ser sobre la Tierra que puede tener conciencia sobre sus actos y que en consecuencia puede influir sobre ellos. Por lo tanto, tomar conciencia de los círculos viciosos es dar el primer paso para saltar hacia el círculo virtuoso que conduce a la realización de los deseos.

 

El método ILVEM desarrolla la capacidad de observación y la agudeza sensorial, debilitada en el hombre desde que se separó de la tierra para ponerse de pie. Este proceso generó la abstracción intelectual: un modo de relacionarse con el mundo que provocó en el ser humano una pérdida de sensibilidad creciente, como si estuviera programado para actuar en piloto automático. Su estructura cerebral se basó en el  hemisferio izquierdo, patrón de los conceptos y de los mensajes verbales, descuidando al derecho que lo conecta con las emociones y los instintos, es decir, con su pasado animal.

 

En el plano externo, perdió el olfato para descubrir las oportunidades. Si bien el piloto automático lo protege ante la invasión de los estímulos, le impide mantener una interfase creativa con la realidad. Esto se demuestra con la historia del rey que se paseaba desnudo: fue engañado y creía que llevaba puestas unas prendas que en realidad no existían. Los cortesanos miraban al rey sin ropa pero no podían verlo así por la barrera del prejuicio. Hasta que un niño - ¡cuándo no un niño! - señaló con inocencia esa obviedad.

 

La mirada hacia el mundo interno, la introspección, constituye una condición necesaria para que crezca la potencia: descubrirse a uno mismo aumenta la eficacia de la acción. El que tiene claro lo que desea puede lograrlo con mayor facilidad. Para transitar el  camino correcto es necesario:

 

En el plano interno: convertir los defectos en virtudes o en fortalezas que luego hagan palanca sobre el mundo real.

 

 En el plano externo: transformar las amenazas en oportunidades.

 

El éxito no debe asimilarse a una genialidad de origen. Por el contrario, se trata de adquirir técnicas de estudio y un método. Para evitar que un error se convierta en hábito es necesario un feedback continuo con la realidad. Los errores representan una ventaja cuando se reconocen, ya que esto permite no cometerlos en otra oportunidad. El que nada hace, no se equivoca pero tampoco aprende.  Thomas Edison agradeció a los 999 errores que le permitieron descubrir la lámpara eléctrica; Abraham Lincoln superó 49 fracasos electorales hasta llegar a ser Presidente de los Estados Unidos. 

 

El objetivo no se alcanza solamente a través de la motivación ya que progresar es un deseo de todos. El cambio consiste en aprender su dinámica. Estar mal no es el problema sino ignorar ese estado y no tener una visión clara de lo que se pretende.

 

El narcisismo del hombre ha recibido tres grandes heridas en la historia: cuando se descubrió que la Tierra no era el centro del universo, cuando Charles Darwin señaló que descendemos de los simios y cuando Sigmund Freud detectó que la conducta responde a factores inconscientes. Hoy, enfrenta una cuarta herida: la creciente disminución de las capacidades humanas frente al desarrollo tecnológico,  junto a  un progresivo deterioro de los sectores sociales más débiles que son  excluidos del sistema por la lógica abstracta del mercado.

 

Proponemos retornar a los valores espirituales que le dan significado a la vida para recobrar el sentido de trascendencia del hombre y contrastarlo con la frialdad de la lógica del mercado. Cambiar la política del puede ser por la firme convicción de que así será.

 

Para lograrlo, tendremos que nutrirnos de la sabiduría y cambiar el modelo de la fuerza bruta -paradigma de una educación equivocada- bajo el lema "la letra con sangre entra", por un modelo ecológico de funcionamiento mental que refleje la frase de Walt Disney: "si lo puedes soñar, lo puedes hacer".

 

La mejor inversión

 

La mejor inversión que una persona puede hacer es en sí mismo, en su desarrollo personal. Como dijo Benjamín Franklin: "a veces conviene sacar el dinero del bolsillo si se lo usar para llenar la mente porque entonces la mente se encargará de reponer con creces los bolsillos".

 

Por eso, hay que evitar la tendencia a posponer la decisión e iniciar ya mismo el camino hacia el desarrollo máximo de nuestro potencial.

 

Para conocer en detalle el funcionamiento del MÉTODO ILVEM y sus técnicas de estudio  lo invitamos a asistir a  las demostraciones del sistema y a visitar nuestro sitio en Internet www.ilvem.com.ar.

*  Dr. Horacio Krell, Director de ILVEM. Consultas a horaciokrell@ilvem.com.ar.

 

 

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