La verdad tiene estructura de ficción

                                   EL ARTE DE LA MOTIVACIÓN * por Horacio Krell


El sentido común choca con lo que la gente opina cuando no piensa o cuando no piensa lo que dice. El piloto automático del cerebro fue creado por ideologías y escritores con talento para borrar la realidad y construir mitos. El sistema educativo contribuye a fabricarlos. Así muchos comparten que hay una la batalla entre explotadores y explotados,  que integrarse al mundo es ser entreguista, que ajustar para ser sustentable es ser neoliberal, que competir es malo, que crecer por mérito es de derecha, que la ley es un truco de los poderosos, que todos merecemos un subsidio, que lo estatal es mejor que lo privado y lo nacional a lo cosmopolita, que el espíritu emprendedor es sospechoso y el esfuerzo reaccionario, que la propiedad es un robo, que la gratuidad es un derecho humano, que aspirar al orden es fascista y aplicar la autoridad es represivo. Este repertorio de creencias regresivas construidas por un lavado sistemático de cerebros, explica por qué la maldición de los recursos naturales hace que países ricos sean  pobres cuando líderes populistas aprovechan sus creencias para armar sus relatos ficticios.

No existen hechos, son interpretaciones. Las verdades son ilusiones que se han olvidado que lo son. Son huestes en movimiento de metáforas, metonimias y antropomorfismo, dijo Nietzsche. Para Borges, en el intento de ordenar el caos, ese imposible que se aloja más allá de toda palabra, el  hombre teje teorías, construye esquemas, crea mitos, propone ficciones.

En el eje que Lacan propone para el psicoanálisis, el de lo simbólico, lo imaginario y lo real;  se confunde ficción con imaginario.Para él la ficción se caracteriza por ser real. Toda verdad es una fantasía, que opera como real. Las ficciones revelan el valor de uso del lenguaje. Una estructura de ficción es la esencia del lenguaje por lo que lo real posee estructura de ficción.

Para Bentham se nos hace creer que debe existir algo que se corresponda con el mensaje como denotación en el mundo real. Ese es el elemento ficticio de las expresiones ficticias: que en su denotación aparezca una entidad ficticia, y que sólo exista en virtud de su apariencia gramatical.

Una entidad ficticia hace creer a la mente que existe realmente algo real que es lo que la palabra denota, cuando en realidad carece de referencia. Ejemplo: hablar del rey de Francia.

Una entidad ficticia surge del propósito del discurso, que por su forma requiere la existencia de una entidad ficticia, que en realidad no existe. Las entidades ficticias tienen una función esencial en la sumisión política: hacer creer que los objetos existen; produciendo una distorsión mental. En manos de la clase dirigente busca propagar la existencia real de entidades inexistentes. La ficción, en el poeta, sirve al entretenimiento, en el político, lleva a la inmoralidad.

Cuando Bentham se refería a definir, apelaba a la claridad verbal como arma para exponer los engaños a los que se expone la mente ante las entidades ficticias. Una manera de lograr claridad es definiendo cada parte que lo integra.  Definir una palabra indicando el género y la diferencia específica, implica que el objeto designado pertenece a un conjunto que no está incluido en el más genérico y al que se le añade una diferencia específica para delimitarlo unívocamente.

Cuando Platón definió al hombre como un bípedo implume, los cínicos se percataron de que le faltaba una diferencia específica,  desplumaron a un gallo y exclamaron: «ahí tenéis al hombre de Platón». Platón, para remediar el error añadió  a su definición: con uñas anchas y planas.

Someter las palabras que designan entidades ficticias a la exposición es evitar que la natural inclinación que tiene el lenguaje a hacernos creer que existe lo que no existe, se apodere de la mente. Los enunciados con la forma gramatical de sujeto y predicado son verdaderos o falsos si existe la entidad referida por el sujeto; pero si no existe, la proposición carecería de sentido.

Por ejemplo, tiene sentido afirmar o negar el enunciado «Esta rosa es amarilla» porque en el mundo hay rosas y existe el color amarillo. Saber el valor de verdad de ese enunciado depende de verificar si el objeto «rosa» tiene o no tiene la propiedad de «ser amarillo».

Bentham busca asegurar un valor de verdad a aquellas proposiciones en las que intervienen como sujetos gramaticales ciertos nombres que son meramente ficticios.

Tomemos la idea de triunfo. Es una idea compleja: está formada de diversas acciones como correr, saltar, ganar una competición, tener medios para averiguar el tiempo de las carreras o la altura de los saltos, determinar en qué casos se es vencedor, etc… Pero si después de haber explicado todas estas cosas, alguien preguntara que dónde se encuentra el objeto real al que correspondería la idea de triunfo, tendríamos que explicarle que, aparte de todas esas actividades que componen lo que significa triunfar, no existe nada que se pueda considerar triunfo o triunfar con independencia de todas esas acciones que acabamos de nombrar.

La percepción se puede formar por la experiencia y observación de las cosas mismas. Así se forma la idea compleja de luchar, cuando se ve a gente luchando. La segunda es por invención, cuando se juntan varias ideas simples. Eso fue lo que le ocurrió al primero que tuvo la idea de inventar algo, primero tuvo la idea en su mente y después la puso en práctica. Y la tercera consiste en explicar el nombre de acciones que nunca vimos, o de las nociones que no podemos ver; enumerándolas, como si estuvieran situándose delante de nuestra imaginación todas aquellas ideas que contribuyen a formarla y que son sus partes constituyentes.

La posverdad. Es un estilo de comunicación donde predomina la emoción y falta la verdad. Lo que puede ayudar a verificar el valor de verdad es el pensamiento crítico, que no está incluido como materia en las escuelas.  La posverdad se genera adrede o involuntariamente. Es posible identificar qué afirmaciones son consistentes en un bosque de argumentos confusos analizando los sesgos cognitivos y culturales con los que el propio cerebro tiende trampas y construir consensos sólidos que permitan avanzar. Nuestras creencias sustentan la toma de decisiones en la esfera pública y privada. Hoy el conocimiento genuino y la mentira circulan sin barreras. La información es un bien que cambia el mundo y que se intercambia, se compra y se vende.

La industria tabacalera refutaba los mensajes sobre los daños que causa el cigarrillo usando argumentos reales (como que nunca se puede estar 100% seguro de algo) para distorsionar las conclusiones de los estudios. Es como decir que dado que no es 100% seguro morir si uno se tira de un edificio, entonces no podemos decir que tirarse de un edificio sea mortal. No buscaban negar lo que se sabía, sino confundir para generar una supuesta una duda.

Cómo evitar el engaño. Se defiende la verdad, cuando se la conoce, y siendo explícitos y honestos respecto a cuánto se la conoce. A priori toda persona merece respeto y tiene derecho a expresarse. Pero con las ideas es distinto: ellas tienen que ganarse ese respeto. Si una idea se refiere a algo sobre lo cual no hay evidencia y lo ignora, debe ser desafiada. Al criticarla hay que separarla de quien la sostiene y ponerla a prueba en su correspondencia con la realidad.

Salir de la trampa. La mente se las arregla para eliminar la disonancia cognitiva que le produce un experto que cuestione sus posturas. Protege la identidad y si un tema basado en evidencias se lo enfoca desde el punto de vista partidario, se lo transforma en ideología. 

Entrenar la introspección. Debemos saber si somos uno más de los que están atrapados por sus creencias sin advertirlo. Si no separamos lo que pensamos de lo que somos, interpretaremos que el ataque a nuestras ideas equivale a un ataque a nosotros. Así, nos pondremos a la defensiva y nuestras ideas no podrán ser desafiadas aunque estén equivocadas. Si la introspección demuestra que estamos actuando como tribu, podremos evaluar nuestras ideas y ponerlas a prueba y, si son malas ideas, podremos dejarlas ir y reemplazarlas por otras.

El valor de la diversidad.  Tratemos de vincularnos con los otros desde la empatía, el respeto y la consideración. Debemos estar dispuestos a escuchar posturas distintas a la nuestra. Cuando solo nos comunicamos con los de nuestra tribu, perdemos la riqueza de otras formas de ver.

El falso consenso y la ilusión de objetividad. Se da cuando nos rodeamos de personas que son como nosotros y nos alejamos de los que son diferentes. Para reconocer el valor de la diversidad debemos cambiar de canal, seguir a gente distinta o llegar a grupos humanos inesperados.

Fomentar la flexibilidad y abrazar lo inciertoDefender el valor del ‘no sé’ como postura, y ‘aprendí algo y cambié de opinión’ como positivo, significa que no es bueno sostener posturas sin estar seguro, que se debe poder contradecir y hasta abandonar la tribu si es necesario.

Habilitar el disenso.  El disenso nutre. No debemos unificar nuestras diferentes tribus bajo una sola bandera. Si realmente creemos que en un tema tenemos una postura que nos separa en un ‘nosotros’ y un ‘ellos’, que así sea. Pero si nos parece que los extremos no nos representan, defendamos la postura moderada y no permitamos que nos presionen para tomar partido.

Intentar que la verdad no tenga estructura de ficción.  Es importante que habilitemos el disenso para acercarnos a la verdad, sin que esa actitud dañe nuestros vínculos. Pero para eso necesitamos aclarar las ideas de identidad, tanto propias como ajenas. El extremismo nos lleva a la alta conflictividad. En este contexto, somos capaces de defender posturas equivocadas con tal de ser leales. Pero si sí logramos sacar de la discusión el tribalismo propio y el ajeno, puede que descubramos que concordamos en más de lo que creíamos, o que sigamos en posturas contrarias porque nos dividen cuestiones más de fondo. Necesitamos averiguarlo. Y acá tenemos las opciones de ir al conflicto o de evitarlo. Si creemos que ‘todos tenemos derecho a nuestra opinión’, quizá pensemos que tenemos que tolerar las ideas de los demás y querramos evitar la confrontación. El problema con esta actitud es que, aunque todos tenemos en principio derecho a expresarnos, no tenemos por qué aceptar como cierto o acertado lo que los demás dicen. Necesitamos rodearnos de personas que puedan desafiarnos con argumentos racionales.

Incentivar a curiosidad. Otro modo de enfrentar el tribalismo es fomentar la curiosidad, manifestada por las ganas de aprender sobre algo que sabemos poco y por disfrutar al aprenderlo.  El que tiene curiosidad científica tiende a cambiar de opinión más fácilmente. Curiosidad, no es igual a conocimiento, es la capacidad de cambiar de postura.

Impedir la partidización. Si nos dan información que contradice nuestras creencias, solemos descartarla: negamos que provenga de verdaderos expertos, o la interpretamos de una manera incorrecta o, directamente, la ignoramos. Contrarrestar desinformación, o mala información, con información correcta,  es algo que funciona. Existen discusiones demasiado importantes para que solamente participen en ella los que sostienen posturas extremas.

Comunicación basada en evidencias.  Comunicarnos con otros de manera efectiva y  basada en evidencia debe ser un camino de dos vías. Es averiguar primero de qué manera se logra que alguien incorpore información que contradice sus creencias y luego comunicando de esa manera, aun si es distinta de la que nos parecía más evidente. Dar información, en estas situaciones, es difícil. Al comunicarnos dentro de nuestro grupo, debemos cuidamos de no volver más extremistas nuestras posturas, cambiar de opinión al exponernos a evidencia nueva,  e invitar al desafío de escuchar, conectar y reevaluar las posturas con esa información. 

Es un campo que está creciendo pero la mayoría sigue actuando de manera intuitiva y poco efectiva, enviando señales tribales a los nuestros y alejando a los otros. Ojalá no fuera tan importante identificar ‘desde dónde’ alguien dice algo, sino ‘qué’ está diciendo y cuáles son las evidencias que lo apoyan. El tribalismo es algo básico en los seres humanos y está en todos.

No deberíamos ofendernos sino aceptar que existe. Solo de esa manera podremos estar alertas y combatirlo, ya no más unos frente a otros, sino ahora todos juntos frente a la posverdad.

Conocer. Es comparar y no hacerlo a solas. Con la revolución de las comunicaciones el mundo se rebela contra las predicciones. Ahora los gigantes de Internet dicen que perseguirán las noticias falsas. El optimismo se contagia con buena onda aunque siempre hay obstáculos. La excelencia se nutre de detalles, se mide por rendimiento, impacto social, sustentabilidad, hacer las cosas bien, no violar reglas y menos a la reina: la ley de la gravedad.

Tirar para el mismo lado. Si todos pensamos parecido, es una señal de que nadie está pensando demasiado. Discutir e identificar los roles y destacar lo que cada uno aporta a la conversación lleva a chocar, pero en busca de una solución óptima. Luchar por las ideas y no por ganar, da el tiempo necesario para expresar y normalizar las tensiones y libera de tener que tirar, empujar, aflojar y pelear hasta encontrar la mejor respuesta.

Se debe velar porque se expresen todos, cuando el pensamiento grupal empiece a dar vueltas sin salida. Las reglas del disenso pueden acudir a la conocida técnica de Los seis sombreros, en la que cada miembro del equipo entrega una perspectiva específica, por ejemplo la mirada lógica, la creativa, la provocativa, la pesimista, todas en pos de dar nueva luz sobre viejas trabas. Otros pueden optar por un "presidente" rotativo de la reunión, encargado de administrar y provocar divergencias entre las posturas. Tener permiso para hablar y velar por hacer al conflicto productivo, es una obligación para buscar las mejores ideas. Porque para maximizar el beneficio de la colaboración se necesita divergir antes de converger.

Hechos alternativos. No son hechos, son falsedades. Aceptar mentiras como "hechos alternativos" desfigura la política. Si van a seguir mintiendo: ¿cómo confiar en la información que  brindan en sus declaraciones? ¿Cómo poder creerles? Exijamos que siempre digan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Rechacemos las exageraciones y las mentiras fabricadas, las diga quien las diga. No aceptemos términos políticamente correctos pero falsos, encapsulados como hechos alternativos. Como dijo Nietzche: “no existen hechos, sólo interpretaciones”.

La falacia es un argumento lógicamente incorrecto pero psicológicamente persuasivo.

 

*Director de Ilvem, mail de contacto horaciokrell@ilvem.com.

 

*CEO de Ilvem. Mail de contacto: horaciokrell@ilvem.com.

 




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