Solo por hoy

                                   EL ARTE DE LA MOTIVACIÓN * por Horacio Krell


La soledad es el primer motivo para animarse a pedir ayuda. Neurótico es aquel que, durante el transcurso del día, tiene alguna emoción que traba el desarrollo de su actividad: un miedo que no lo deja, una depresión que lo paraliza, una sensación de angustia que no lo deja disfrutar, una ira que lo enceguece. Es la principal causa por la que se acude a grupos de autoayuda, pero también esconde otros trastornos emocionales.

El cerebro no fue hecho para el hombre, fue el resultado de la evolución. El sistema nervioso se formó por capas superpuestas. El tronco cerebral, como el encéfalo del reptil, controla los instintos y no aprende de la experiencia. Los mamíferos, que procrean por parto, aportaron una capa que procesa las emociones. El cerebro racional surgió del lenguaje verbal y se instaló en la corteza cerebral. El cerebro no es tan preciso como la mano, que sustituyó a la garra del animal, ni sabe armonizar las áreas en conflicto.

Cuando el hombre se puso de pie las manos reemplazaron a la boca. El cerebro creció, fue el símbolo intelectual y los ojos su instrumento. La zona abdominal, se parece al ámbito natural y llega a la conciencia por las sensaciones en el estómago. Gracias al lenguaje el hombre creó el mundo cultural.  Su hemisferio izquierdo alojó la razón, el derecho las emociones. La identidad surgió del cuerpo de fibras nerviosas que los conecta.

Los animales primitivos eran tubos digestivos pegados a las rocas esperando la comida. Luego surgió el sistema nervioso. El intestino no confió en el nuevo cerebro y se formateó como circuito autónomo. La historia abreviada se revive en los 9 meses de la concepción.

El intestino es como la raíz de las plantas. Si falla el cerebro abdominal, el sistema se cae.

Los remedios. Ante los conflictos surge la duda sobre cuál es la solución. La medicina no tiene remedios y la psicología sólo descubre los trastornos de la mente. La educación ofrece otra ruta, enseñar cómo funciona el cerebro y cómo optimizar su rendimiento.

Si no se sabe administrar el día a día, la vida se descontrola. Es posible mejorar,  controlar los impulsos y emociones, con los lóbulos prefrontales, que nos hacen en verdad humanos.

Sin eso las áreas primitivas nos dirigen. Reaccionan rápidamente, antes que nos enteremos.

Los lóbulos prefrontales deben  alcanzar los objetivos de racionalidad, sentido común, cooperación, altruismo, ética. Ese conocimiento sirve para vivir mejor. Tantos programas nos manipulan que decisiones diarias –que creemos racionales– son automatismos.

La corteza prefrontal organiza secuencias de planes y objetivos. Selecciona y activa una memoria operativa e inhibe otras. La conducta motora al principio es imprecisa, se perfecciona con la práctica y se modifica con estrategias cognitivas, con participación de la memoria explícita, hasta que el cambio se automatiza y se hace implícito.

La resistencia al cambio. Se trata de evitar el esfuerzo que el cambio representa. Sin feedback con la realidad cotidiana el error se convierte en hábito. La visión magnética del futuro contribuye a crear buenos hábitos. La mente produce lo que en ella se siembra.

Un hábito se crea al darle prioridad, planearlo, ejecutarlo y controlarlo. La actitud vale tanto como la aptitud. El hábito de la habilidad enseña a hacer, el de la actitud las ganas de hacer, de empezar y perseverar. Cada uno crea diariamente los hábitos que luego lo forman.

Hay que concentrar la energía. Cotejar lo nuevo con  lo viejo activa la energía de la corteza prefrontal que se conecta con el circuito del temor que reprime los cambios.

Para evitar que triunfe la rutina hay que crear alternativas, llamar la atención con propuestas sugestivas, para que el cerebro cree soluciones concentrándose en la novedad y apartarse del camino que  lo que conduce a más de lo mismo. Cuando se trabaja es en equipo  los resultados dependen de que las relaciones sean satisfactorias y equitativas, dando prioridad al beneficio mutuo. Así se activan áreas del bienestar que junto a la justicia social y el respeto mutuo, ayudan a focalizarse en las nuevas ideas.

La palabra es otra forma de energía. Las neuroimágenes muestran cómo las personas que se hablan a sí mismas de una manera positiva consiguen remodelar físicamente su estructura cerebral. Sólo se cambia fácil lo que es sencillo. Para cambiar hay que cambiar el patrón mental generador. La gimnasia mental diaria puede eliminar un hábito pero se lo extraña y se vuelve a él.  En pocos días es posible dar un gran paso. La neuroplasticidad es el recurso físico. El cerebro logra que el resto funcione, da las órdenes. La mente es su parte invisible, brinda pensamientos, ideas y conciencia. El propósito del cambio acelerado es reprogramar luchando contra uno mismo y lograr hacerlo como si siempre se hubiera hecho así.

La constancia y la decisión de mejorar la calidad de vida son el motor de los cambios.

Yo quiero. El cerebro interpreta lo que percibe, lo traduce en impulsos eléctricos y crea respuestas. Hay gente que ve los problemas como caos, otros como algo complicado y algunos como oportunidad. Un pensamiento repetido genera una acción. Una acción exitosa repetida genera un hábito de éxito. Un hábito exitoso repetido genera un carácter exitoso.

El reactivo, reacciona, el proactivo elige lo importante a lo urgente. Según la ley de Pareto el 20% de los factores producen el 80% de los resultados.

Cuando el corazón quiere, la mente le muestra el camino. El peligro es que  la rutina diaria haga olvidar el propósito y  que trabajemos sin saber por qué. Para salir del encierro hay que volver a lo deseado, alineando el foco de atención con la asignación de importancia. “Yo quiero” son dos palabras mágicas que hacen circular la energía hasta el hemisferio del cerebro que produce ideas para que la voluntad elija las mejores. Inspirar la vida en un propósito permite ver los hechos como oportunidades e interpretarlos a nuestro favor.

El termómetro. Siempre hubo controversias sobre cómo medir la inteligencia. Las definiciones oscilan desde la flexibilidad de la conducta para generar  ideas, resolver problemas y adaptarse a los cambios del medio ambiente. Algunos midieron el pensamiento abstracto; otros la habilidad para adquirir conocimientos  o vocabulario. Así nació el IQ, el coeficiente intelectual, pero  hoy se considera una medición arbitraria.

Spearman a principios de siglo propuso la existencia del factor G o inteligencia general que permite tener éxito en un amplio rango de tareas cognitivas. Pero, su colega Godfrey Thomson propuso la aptitud única era una colección de múltiples y diversas habilidades.

Howard Gardner (1983) denominó a todos los talentos como inteligencias múltiples. La gente varía en cosas como inteligencia emocional, habilidades particulares, experiencia, que son diferentes de la “inteligencia general”. Además, el humor, la sensibilidad, la ironía y la creatividad no forman parte de los tests clásicos. Una persona puede ser  inteligente sin contar con un bagaje grande de conocimientos adquiridos en la educación formal, lo que se denomina “inteligencia fluida”, que resuelve problemas descubriendo las relaciones  independientemente del conocimiento adquirido o “inteligencia cristalizada”

El CI -coeficiente intelectual- mide la capacidad de resolver problemas, el CE, emocional, la posibilidad de automotivarse y de motivar, el CES -coeficiente de inteligencia espiritual- cómo nos relacionamos con el todo y con  los principios universales. El CES tiene la fortaleza del porqué, el CI y el CCR -coeficiente de creatividad- sugieren qué hacer, la visión. El cómo hacer, implica la disciplina del CEJ – coeficiente de ejecución-, el CE es el Quantum de la pasión. La inteligencia espiritual orienta a todas las demás.

Tenemos un potencial de realización y ante cada estímulo se abre un espacio de libertad que  precede a la respuesta. Mientras que los valores controlan nuestra conducta, respetar los principios universales genera consecuencias favorables. Usemos nuestra inteligencia espiritual para sumar integridad, cumplir las promesas, y seguir  la voz de la conciencia.

La inteligencia emocional en la vida cotidiana. Daniel Coleman describe la inteligencia emocional como la capacidad de manejar las emociones propias e inteligencia social como la de administrar las relaciones con los demás. En la sinergia positiva  la totalidad supera a la suma de sus partes. El rendimiento de un grupo exitoso se extiende a múltiples desafíos.

Familias, tribus, ejércitos y empresas se conformaron para actuar colectivamente de manera inteligente. El libro y la lectura fijaron e hicieron circular el conocimiento para el aprovechamiento colectivo. Internet potenció el intercambio a través de una red multidireccional, interactiva y universal. Los motores de búsqueda de Google ofrecen creaciones de formas y orígenes distintos para el uso general. En Wikipedia millones de personas escriben o leen elaborando una enciclopedia digital actualizada permanentemente.

El aislamiento produce desánimo y afecta la salud cognitiva y física. Las interacciones sociales contribuyen a la inteligencia colectiva e individual.

Los Estados nacionales organizan a las sociedades para satisfacer sus necesidades y forjar el futuro. Es  el rasgo de inteligencia colectiva mayor que alcanzaron los seres humanos.

Como el futuro no existe debemos inventarlo. Y no hay tiempo que perder porque las modificaciones que se producen en el cerebro a edad temprana lo caracterizan como adulto. Podemos trasplantar un  pulmón  y seguir  siendo los  mismos. Pero si nos cambiasen el cerebro, nos convertiríamos en personas distintas.

Cómo integrar los lóbulos frontales y basales. Las neuronas espejo son importantes en la imitación de las conductas de los demás y también en que  pueden regenerarse para establecer nuevas conexiones o restablecer funciones cerebrales dañadas.

Los seres humanos, integramos la información en un contexto que cambia de manera inmediata y automática. La corteza frontal  toma de decisiones e integra el contexto, ya que el cerebro trabaja en redes. Si otras partes se dañan,  la esencia  permanece.  Esta región cerebral, resulta crítica para recuperar información almacenada en otras áreas y facilita las  funciones intelectuales. Así manejamos recuerdos y los combinamos de formas diferentes. La imaginación es capacidad de articular lo viejo para componer lo nuevo. La planificación es la capacidad de lograr un futuro distinto al pasado,  reordenado elementos conocidos  y combinándolos con descubrimientos recientes. El lóbulo frontal  fija objetivos y  hace planes. Coordina capacidades distintas frente a demandas del contexto, tanto intelectuales como resolver problemas, planificación o estrategia  y las emocionales o motivacionales, responsables de coordinar la cognición y la emoción y hasta de inhibir los instintos básicos.

La miopía del futuro no es sólo un fenómeno neurológico, la sociedad también la padece cuando elige la satisfacción inmediata e hipoteca su destino. Para evitar la miopía social la educación debería enseñar desde lo pasado y desde lo actual cómo proyectar el porvenir.

La educación integra, da oportunidades, genera igualdad de oportunidades. La medida del funcionamiento del lóbulo frontal de la sociedad es tomar  decisiones colectivas que se adapten al momento y que vayan mucho más allá para que ver con nitidez el futuro.

Tomar la iniciativa. Es romper con el piloto automático que detiene cambios necesarios.

Tomar la iniciativa y ocuparse aumenta la zona de influencia sobre el problema y energiza, mientras que la preocupación inhibe  y paraliza. Tomar la iniciativa sirve si se elige bien. No es cuestión de hacer por hacer sino de concretar en el momento preciso las acciones que aporten valor al objetivo. Para eso las prioridades deben estar bien asignadas.

El segundo paso es entrar en acción sin esperar que las cosas ocurran por arte de magia. La cara peligrosa de la mente reactiva, es reaccionar sólo cuando algo pasa. La mentalidad proactiva, crea el futuro deseado sin limitarse  a reaccionar. Dejar para mañana lo que se puede hacer hoy es arriesgar a que mañana sea tarde.

No hay peor intento que el que no se realiza. Con iniciativa nadie te gana de mano. Que no te moleste sentirte diferente o llamar la atención. Que el miedo a equivocarte no te detenga. Empieza por lograr que las cosas ocurran de manera diferente, porque haciendo más de lo mismo obtendrás los mismos resultados. Toma la iniciativa: evalúa tus métodos, cambia tareas de bajo rendimiento por otras de alta calidad, ten tus deseos presentes, corre los riesgos con el coraje de afrontarlos, insiste hasta alcanzarlos, apunta alto, hacia la perfección y  la excelencia, comienza de nuevo las veces que haga falta, confía en ti mismo y en la  seguridad  de la victoria. La batalla de la iniciativa se desarrolla en tu propia mente.

Operación diferida: operación perdida. El que espera desespera mientras pierde el tiempo y el dinero y le parece que no puede hacer nada. Se ha habituado a diferir. Se detiene ante la lista de acciones a realizar en lugar de concentrarse en visualizar los beneficios esperados que llegarán por tomar la iniciativa. En numerosas ocasiones lo difícil se hace fácil aprendiendo  a delegar, no sirve encargarse de muchas tareas. En otras es cuestión de decidir: cualquier decisión es mejor que postergar.

Revisa tu lenguaje. Si te detiene alguna conversación interna complétala. Limpiar el espacio físico y emocional de tu mente, te permitirá enfocarte. No es cuestión de eludir el diálogo sino de darle poder motivador, sin engancharte con objetivos imposibles. A veces lo grande sirve pero en otras ocasiones es mejor recortarlo momentáneamente

Desarticula lo que te dices cuando postergas. Puedes ser tu peor enemigo por el formato de tu diálogo interno. Henry Ford lo dijo: siempre tenemos razón: si creemos que nos irá bien o que nos irá mal. La clave es que te guíen pensamientos positivos. Platón dijo que el comienzo es la parte más importante del trabajo. Almafuerte escribió: Aunque sientas el cansancio. Aunque el error te lastime. Aunque ignoren tus esfuerzos. Aunque la ingratitud sea la paga. Aunque todo parezca nada. Vuelve a empezar. Toma tus herramientas y sigue. 

El día más bello: Hoy. La cosa más fácil: Equivocarse. El error mayor: Abandonarse. La raíz de todos los males: El egoísmo. La distracción más bella: El trabajo. La peor derrota: El desaliento. Los mejores profesores: Los niños. La primera necesidad: Comunicarse. Lo que hace más feliz: Ser útil a los demás. El misterio más grande: La muerte. El peor defecto: El malhumor. El ser más peligroso: El mentiroso. El regalo más bello: El perdón. Lo más imprescindible: El hogar. La ruta más rápida: El camino correcto: La sensación mejor: La paz interior. El resguardo eficaz: La sonrisa. El mejor remedio: El optimismo. La mayor satisfacción: El deber cumplido. La fuerza poderosa: La fe. Las personas más necesarias: Los Padres. La cosa más bella: El Amor. Madre Teresa de Calcuta.

La metodología intelectual de la gestión. Incertidumbre y azar difieren de la buena suerte que se logra cogestionando el pasado, el presente y el futuro. Toda acción presente es fruto del pasado y del futuro. El pasado se manifiesta en una forma de  hacer que depende de la historia personal. El futuro se introduce mediante deseos e intuiciones.

Toda acción presente se convierte pronto en pasado y en semilla del futuro y es el resultado de las competencias intelectuales y emocionales para procesar el tiempo.

Los que debemos aprender a manejar son los sucesos internos (ideas, competencias) y los externos (modificaciones del contexto). Para eso la estrategia debe incorporar los hechos invisibles hasta ahora y generar ideas que movilicen posibilidades y diseños.

La mirada sistémica observa hechos, patrones y estructuras. Ocuparse sólo de los hechos genera una modalidad  reactiva: “hagamos algo”. Considerar los patrones es el modelo       “siempre lo hicimos así” que aplica  un criterio que ya no sirve. El pensamiento estructural integra el futuro y articula en simultáneo las relaciones, los objetivos y las percepciones.

Inventar el futuro. Para lograrlo hay que mantener la visión en el presente, que por algo es sinónimo de regalo. Abrirse mentalmente, tolerar el cambio y gestionar el caos informativo a través de la síntesis. La perspectiva del futuro brinda el punto de llegada, la información sobre lo que pasa la interacción con el medio. El feedback con la realidad  evita que un error se convierta en hábito. Hay que tener cuidado con buscar lo que siempre resultó porque las cosas cambian y entonces nada fracasa tanto como el éxito.

El futuro se explora entre hipótesis alternativas analizadas a la luz del propósito. Cuando el resultado no se da hay que cuestionar modelos y visiones. Para generar el cambio hay que vivir la tensión entre lo determinado y lo indeterminado, sentir el desafío que amplía el territorio de la acción, y gestionar el desarrollo de la capacidad permanentemente.

Para asegurar su inmortalidad el hombre deberá seguir haciendo algo original, cultivar su esencia, su capacidad de conocer, de comprender, de crear y de transformar.

Día a día. No podemos decidir la dirección del viento, pero podemos preparar las velas.

Es importante consignar por escrito nuestras dificultades y actitudes para tomar conciencia de lo que nos pasa para empezar a conocernos, comprendernos y aceptarnos, sin la necesidad de estar siempre justificándonos. Hacer un inventario de defectos y virtudes.  

Ese conocimiento más profundo de uno mismo, permite alcanzar una mayor serenidad. De esta forma tomaremos la realidad como venga y nos adaptaremos a ella.

¿Qué le doy al mundo  en función de la comunidad en la que vivo? ¿Tengo una permanente actitud de servicio hacia los demás? ¿Atiendo a los que me rodean con una sonrisa? ¿Doy realmente amor? No siempre puedo darlo con continuidad a quienes comparten mi vida. Pero si trato de hacerlo, quienes me rodean lo percibirán y me  retribuirán de igual forma. Si vivo en función de los demás eso es exactamente lo que me ayuda a superarme.

Sólo por hoy no querré resolver de inmediato todos mis problemas. Resolveré los problemas de hoy. El futuro se resuelve a sí mismo. El destino pertenece a los que luchan. Haré lo que me desanimaría si tuviera que hacerlo siempre. Lo haré y con eso me basta. Si me preocupo por mañana dejo de vivir hoy. No pensaré en el pasado. No guardaré rencor. Practicaré la ley del perdón. Asumiré mi responsabilidad y no echaré la culpa a otros.

Sólo por hoy seré feliz. Veré lo que tengo y me dará su fragancia y hermosura. Nadie deja de tener algo lindo,  si lo sabe apreciar. Arrancaré de mi espíritu todo pensamiento triste. Me sentiré más alegre que nunca. No me lamentaré. Si sucede algo que me desagrada no me mortificaré ni me lamentaré, agradeceré que haya sucedido, porque así pondré a prueba mi voluntad de ser feliz. No envidiaré a los que tienen más dinero, belleza o salud. Contaré mis bienes y no mis males. Compararé mi vida con la de otros que sufren más.

Sólo por hoy me adaptaré a la realidad. Dejaré de adaptarla a mi voluntad. Aceptaré lo que me depare de la mejor forma que pueda. No crearé falsas expectativas, no iré más allá de lo debido ni programaré metas inalcanzables. No pretenderé que el mundo  gire según mis pautas. Debilitaré esas creencias cambiando en pequeñeces; aceptaré que mi medio es el que me rodea y no el que quisiera. Aceptaré el mundo como es y me adaptaré a él.
Sólo por hoy fortaleceré mi mente. Aprenderé algo útil. No seré apático mentalmente, leeré algo que requiera esfuerzo, pensamiento y concentración.  Ayer decía que si leo algo que me invita a hacer cambios en mi vida lo rechazaba. Decía leo pero no entiendo o no me queda nada o no lo sé explicar. Hoy convertiré en acto lo que lea. Le diré no al facilísimo, dominaré el método de vida que me llevará a ser un ser normal y feliz. Seré dueño de mis nervios, sentimientos e impulsos. Para triunfar debo tener el dominio de mí mismo.

Sólo por hoy ejercitaré mi alma. Haré algo que no quisiera hacer, sólo por ejercicio. No le demostraré a nadie que me ha herido. Dar implica que tengo algo dentro; Nadie puede dar lo que no tiene. Si le agrego no esperar nada de quien lo reciba, me libero de la ansiedad que implica un trueque, me hago libre. Hacer lo que no me gusta, me fortalece, revitaliza mi buena voluntad y me prepara para cuando mi guardia esté baja. En ese momento mi pensar se ve alterado y mi razonamiento es nulo. Los buenos hábitos adquiridos, por su propia gravitación, evitarán las recaídas. Seré noble con los demás y trataré de devolver una sonrisa. Seguro que cambiaré la actitud de quien me agrede. Haré un bien. Buscaré alguien para hacerlo, sin que lo descubra. Seré cortés y generoso. Pagaré el mal con el bien.

Sólo por hoy tendré un programa. Un programa flexible  que me tranquilidad y seguridad y me permita lograr el equilibrio. Un programa rígido me esclaviza. Tendré la seguridad de que cuando la vida me apure, o esté perdiendo la calma, que cuando esté perdiendo, reflexionaré, y pausadamente tomaré uno por uno los casos a resolver. De este modo llegaré a la conclusión de que me insumió menos tiempo del pensado. Voy a eliminar dos plagas: la prisa y la indecisión. Viviré con calma, con paciencia, porque la prisa es enemiga de la felicidad. No permitiré que me acose, ni que la impaciencia me abrume. Tendré confianza en mí y un programa a realizar. Si algo se me queda sin hacer, lo haré mañana.

Sólo por hoy seré agradable. Me mostraré lo mejor que pueda; me vestiré con elegancia; hablaré en voz baja; actuaré con cortesía; no haré crítica alguna; no encontraré faltas a nadie más que a mí mismo. A nadie le gusta estar con aquel que nos deja sabor amargo. Seré amable pero no complaciente. A su vez, me ayudará a adquirir otro buen hábito: escuchar al otro y mantener un verdadero diálogo.  El ego siempre me pudo,  me ganó, me superó, me dirigió, y así llegue a quebrarme física, psíquica, y espiritualmente.

Si comienzo a criticar a alguien, cambiaré la crítica por el elogio. Todos tienen sus defectos y virtudes. Concentraré mi atención en sus virtudes. Evitaré conversaciones desagradables.

Sólo por hoy me tomaré media hora para mí mismo. Estaré sin tensiones, trataré de tomar una mejor perspectiva de la vida.  Necesito administrar mi tiempo para todo  y en especial, para mi vida, para ver de dónde vengo, dónde estoy, hacia dónde quiero ir. Debo desconectarme de los hechos cotidianos que me devoran, no me dejan pensar y me hacen una autómata, al que no le importa su persona. También debo tener objetivos claros, concisos; ello me salvará de vivir indeciso y tendré la certeza de poder lograrlos.
Trabajaré alegremente, con entusiasmo, con amor, haré de mi trabajo una diversión. Comprobaré que soy capaz de trabajar con alegría. No pensaré en los fracasos.

Sólo por hoy no tendré miedo. No temeré disfrutar, ni creeré que lo que doy al mundo me lo debe devolver. Lejos de huir, conviviré con él con alegría, con ganas de vivir, con audacia hacia metas que hallaba inalcanzables. Disfrutaré de esa belleza que me había vedado. Le haré frente a los problemas con decisión y valentía y no los dejaré para mañana. No tendré miedo, actuaré con valentía. El futuro me pertenece, olvidaré lo malo del pasado.

Y de mañana, haré otro día como el de hoy.

 

* El doctor Horacio Krell es el CEO Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre optimización de la inteligencia. Mail: horaciokrell@ilvem.com.

 

Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples (espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística, estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).

 

Informes en www.ilvem.com o al teléfono 48215411.

 




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