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Los precios fuera del freezer

Por  | LA NACION

 

Aunque nunca se sabe, por ahora parece dif√≠cil que el Cedin sea utilizado en los supermercados. Pero una l√°mina equivalente a 100 d√≥lares de esta cuasimoneda no alcanzar√≠a hoy para pagar una compra con la que ni podr√≠a llenarse un changuito. Seg√ļn el relevamiento que realiza peri√≥dicamente esta columna en la misma sucursal porte√Īa de una cadena supermercadista l√≠der, hay que desembolsar casi 828 pesos para adquirir una canasta integrada por 30 alimentos, bebidas y art√≠culos de limpieza.

Para quienes siguen estad√≠sticas verdaderas, no es gratificante recordar que en abril de 2007 -poco despu√©s de que el gobierno kirchnerista decidiera apartar al Indec de los precios reales- esa misma canasta equival√≠a a 72 d√≥lares al tipo de cambio √ļnico y libre de entonces ($3,08), ya que su precio era de 222 pesos.

Tampoco es una buena noticia para los consumidores de bajos ingresos, especialmente los no bancarizados, que no puedan acceder todav√≠a a la promocionada tarjeta Supercard para financiar compras a una tasa de inter√©s de 22% anual, ligeramente inferior a la inflaci√≥n. Despu√©s de tres meses de demora, s√≥lo acaban de emitirse simb√≥licamente tres tarjetas; la primera de ellas a nombre de Cristina Kirchner, a quien no suele verse precisamente de compras en los s√ļper. De otra manera, no hubiera pronunciado en Nueva York aquella frase seg√ļn la cual "el pa√≠s estallar√≠a" si la inflaci√≥n fuera del 25% anual. Ese nivel est√° apenas por encima del flamante √≠ndice de precios de la Ciudad de Buenos Aires (22,2%) y del 23,4% promedio de las consultoras privadas (IPC-Congreso), mientras el Indec registra un inveros√≠mil 8,8 por ciento.

La Supercard utilizar√° la plataforma inform√°tica y comercial de otra ya existente -Tarjeta Shopping, que el Banco Hipotecario maneja desde 2010-, pero hasta el viernes √ļltimo su sitio web no inclu√≠a ninguna menci√≥n sobre c√≥mo obtenerla para ser utilizada en supermercados y autoservicios. Y el hecho de que s√≥lo dos grandes cadenas de supermercados y otras tantas de electrodom√©sticos hayan aceptado formar parte de la sociedad administradora, revela c√≥mo han bajado las expectativas respecto de esta tarjeta. Incluso, hasta esas mismas cadenas vuelven a promocionar ahora descuentos con las tarjetas de cr√©dito que emiten todos los bancos para elevar sus ventas, pese a que en su momento se quejaban de que la comisi√≥n (3%) les imped√≠a absorber la p√©rdida de rentabilidad que implic√≥ el generalizado congelamiento vigente entre el 1¬ļ de febrero y el 31 de mayo.

Aunque la Supercard ser√° un canal de financiaci√≥n m√°s ventajoso para los supermercados (ya que tendr√° una comisi√≥n de 0.75% y se fondear√° con recursos excedentes de las compa√Ī√≠as aseguradoras), sus alcances son una inc√≥gnita. Bien podr√≠a tener el mismo destino de otros anuncios oficiales rimbombantes, como "milanesas para todos" o "pescado para todos", que finalmente quedaron en el olvido.

A pesar de ser también intensivo en marketing político, el congelamiento de 500 precios a partir de junio significó, en la práctica, el descongelamiento de otros 9500 que comenzaron a registrar dispares aumentos porcentuales en las góndolas. Y ese medio millar de precios congelados resulta insignificante para medir el impacto de la inflación sobre el poder adquisitivo, afectado por alzas en otros rubros como alquileres; expensas; ropa; calzado; restaurantes; combustibles (supuestamente congelados, pero en alza) y servicios privados (colegios, prepagas, estacionamiento, TV por cable, telefonía celular), más una creciente presión tributaria (nacional, provincial y municipal), que resta recursos al consumo. De ahí que cualquier medición inflacionaria deba ser más amplia que restrictiva.

Si hubiera que atenerse s√≥lo a la canasta de 30 productos relevada en esta columna, debe destacarse que el actual costo total de $828 es pr√°cticamente igual al de febrero √ļltimo ($827) y que supera en 9.4% al de hace un a√Īo ($757). No obstante, desde comienzos de junio se registran aumentos de precios en las presentaciones m√°s vendidas de agua mineral (11.5%); gaseosas de primera marca (de 2,3 a 7,5%); hortalizas (papas 14,3% y zapallitos 27%); suavizantes para ropa (10,2%); detergente (6,3%); papel higi√©nico (7%) y l√°cteos (de 5 a 10 pro ciento). El aumento de la harina de trigo por ahora signific√≥ un alza de 7,7% en los fideos guiseros, que por escasez pasaron a ocupar un espacio mucho m√°s estrecho en las g√≥ndolas. Y m√°s llamativamente, el pan franc√©s baj√≥ 4,8% (de $ 20,90 en mayo a $ 19,99), presumiblemente por alguna "sugerencia" oficial. Estas subas fueron atenuadas por la estabilidad en los precios de cortes de carne vacuna y pollo y cierto retroceso en frutas.

La comparaci√≥n interanual (contra junio de 2012) es m√°s preocupante. Los mayores aumentos se verifican en papel higi√©nico (69%); suavizantes de ropa (46%); l√°cteos (de 23 a 27%); quesos (24,5%); gaseosas (de 19 a 25%); caf√© (24%); fideos y pan (21%); detergente (18%); presas de pollo (12%); az√ļcar (11,7%) y yerba mate (10%), contrarrestados por bajas en frutas y hortalizas (de 6 a 16%). Esto demuestra que el congelamiento s√≥lo permiti√≥ atenuar la aceleraci√≥n inflacionaria del √ļltimo verano.

Trampas en las góndolas

Ahora todo indica que los supermercados -y sus empresas proveedoras- están contrarrestando la estrechez de márgenes con el actual descongelamiento sui generis y los nuevos precios "acordados" con el Gobierno. Y aquí surgen sorpresas insólitas. Entre ellas, la reaparición en las góndolas de productos importados como agua mineral Evian (a 32 pesos el litro); fideos italianos o chocolates suizos, lejos de la promesa presidencial de abaratar precios mediante la apertura de importaciones, justo cuando cada vez más industrias se quejan por el recrudecimiento de las trabas oficiales para hacerse de maquinarias, repuestos e insumos, debido a la caída de reservas del Banco Central.

Paralelamente, la ley que acaba de sancionar la legislatura porte√Īa para impedir que los supermercados y autoservicios cobren recargos por vender bebidas fr√≠as, busca evitar una "avivada" dif√≠cil de justificar: la semana pasada, un litro de cerveza de primera marca se vend√≠a a $ 13,90 en las g√≥ndolas y a $ 18,05 en los refrigeradores (¬°30% m√°s!).

No s√≥lo eso: hay variedades de caf√© ("molido equilibrado") con precios congelados a casi $ 100 el kilo, muy cerca de las presentaciones habituales de la misma marca a $ 57. El az√ļcar com√ļn tiene un precio congelado de $ 2,77 pero desapareci√≥ de las g√≥ndolas y su sustituto (refinado) cuesta $ 7,75 (¬°casi 180% m√°s!), mientras que el precio congelado a $ 11,99 de una marca l√≠der de yerba (con bajo contenido de polvo), resulta 22% m√°s caro que el mismo envase de medio kilo de la variedad com√ļn. Otro tanto ocurre con los preparados para bizcochuelos, donde los sabores de chocolate y vainilla cuestan 30% m√°s que los "congelados", que se limitan a naranja y coco.

Si la Supercard todavía es un proyecto incierto, más previsible es que tienda a diluirse el plan Mirar para cuidar, a cargo de militantes políticos oficialistas: son pocos los productos básicos con precios congelados que teóricamente deberían vigilar y muchos los escasamente relevantes para los consumidores.

 

Comentario de Horacio Krell

El gobierno hace trucos de magia con la econom√≠a. Busca votantes felices para ganar las elecciones. Quiere mejorar el bienestar percibido a corto plazo y alterar as√≠ el fracaso electoral que se avisora, mejorando el nivel de actividad con aumento de subsidios, reducci√≥n del Impuesto a las Ganancias y obra p√ļblica, cuidando que no se desv√≠e a precios o ahorro en d√≥lares. Para esto invent√≥ que un peso inflacionado conviva con un tipo de cambio previsible y con un Cedin pseudoconvertible a d√≥lares. Cada acci√≥n tendr√° una reacci√≥n. Si la demanda de d√≥lares crece y el Cedin no la disuade, el Gobierno deber√° cambiar la estrategia. Apuesta todas sus fichas a la viveza de una alquimia preelectoral ya que carece de una pol√≠tica econ√≥mica inteligente. Los votantes que crean en la derrota del gobierno apostar√°n por otro modo de proteger su patrimonio. Alguno acertar√°, como siempre, pero la mayor√≠a perder√° con esta econom√≠a eleccionaria. Y como dijera Keynes a largo plazo estaremos todos muertos.




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