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Cedin: ¿oportunidad o trampa?

Por  | Estudinero

 

Muchas cosas han cambiado en apenas un mes y medio. El 7 de mayo pasado, el Gobierno anunciaba el blanqueo y la creación del Cedin. La noticia fue recibida con un marcado escepticismo.

A partir del anuncio, distintos eventos han producido un cambio que se puede apreciar en las conversaciones con gente del sector financiero y (sobre todo) inmobiliario: el Gobierno logró bajar la cotización del dólar paralelo en más de un 20% mediante un férreo control del mercado de cambios informal y al mismo tiempo ha cumplido en despejar ciertas dudas que existieron en un primer momento sobre cómo será la operatoria del Cedin y los riesgos que podrían correr quienes los acepten como parte de pago de una operación inmobiliaria o comercial.

¿Cuál es el objetivo del Gobierno con esta iniciativa y cuáles son los miedos más comunes de la gente a la hora de evaluar su potencial participación, ya sea ingresando en el blanqueo u operando los Cedin en el mercado?

"Reservas paralelas"

En el presente, y por más que actualmente la situación esté mucho más tranquila, el Gobierno encuentra serias dificultades para controlar la operatoria del mercado paralelo del dólar, dado que estamos hablando de un mercado puramente informal.

En el imaginario del Gobierno, el éxito del plan de blanqueo consiste en una suerte de "reservas paralelas" a las oficiales, constituidas íntegramente por los dólares repatriados y blanqueados a los evasores. El grado de aceptación (que el oficialismo sabe muy bien que será directamente proporcional a cuán atractivo y funcional quede configurado el Cedin y el Baade, bono energético, para el público interesado) determinará el nivel de estas "reservas paralelas".

Una vez constituidas las mismas, los Cedin se emitirán contra esos dólares "frescos", es decir, los dólares respaldarán al 100% los Cedin que estén dando vueltas en el sistema, en una suerte de convertibilidad encubierta.

Luego, el Gobierno avanzará en dos frentes:

1. Realizar acciones para desincentivar a los agentes económicos a canjear sus Cedin por dólares billetes. Esto se realizaría aumentando los beneficios transables de los Cedin y no mediante prohibiciones o regulaciones, dado que sería visto como una "trampa" por el mercado y determinaría el fracaso de toda la operación.

En esta línea, desde el Gobierno ya anunciaron que aquellos supermercados o cadenas de electrodomésticos que reciban Cedin los podrían usar para obtener cupos de importaciones, pagar impuestos y aportes patronales, abonar a sus proveedores (siempre y cuando éstos los acepten y negociando previamente el valor) y hasta pueden llegar a aplicarse al pago de remesas a sus casas matrices.

De esta manera, el Gobierno imagina un mundo donde la gente utilice los Cedin para su vida cotidiana, para pagar desde compras en el supermercado hasta viajes al exterior, siempre teniendo en cuenta la limitación en cuanto al importe mínimo por cada certificado que se ubicará en los 100 dólares (se dice incluso que podría haber Cedin de 100.000 dólares).

Si se logra hacer crecer el mercado secundario y la gente se acostumbra a su uso, los Cedin cambiarán de manos de manera indefinida (recordemos que los mismos no tienen fecha de vencimiento ni límite de endosos) y el Gobierno habrá recuperado parte de las reservas que se han fugado en los últimos años, sin tener que haber emitido un solo peso para ello.

2. Control sobre el mercado

Repasemos cómo será la operatoria desde el comienzo, simplificando las cosas a un nivel pedagógico: "Si tengo 100 dólares fuera del circuito y quiero blanquearlos, voy al banco y los entrego. La entidad me pedirá DNI, domicilio, actividad y pasará todos estos datos al Banco Central y a la AFIP. En ningún caso se preguntará sobre el origen de los fondos. Luego (siempre y cuando no tenga causas de lavado de dinero o corrupción abiertas en mi contra) me entregan un Cedin. Con ese Cedin, puedo comprar un inmueble. En el momento de la compra, el que me vende se notifica en mi banco para comprobar la veracidad del Cedin. La operación se hace en el mismo banco, se firma ante escribano, se entrega el Cedin, se pasa por la caja y se canjea por los dólares".

Las financieras no intervienen en este proceso, a no ser que la persona que recibe el Cedin, producto del blanqueo, no tenga intención de consumir el Cedin (es decir, gastarlo en la compra de un inmueble o en cualquier otro ítem de los vistos en el punto anterior) y quiera canjearlos por pesos.

Lo que estará haciendo con ello es una venta de dólar Cedin. De esta manera, al estar todos los Cedin registrados en el Banco Central, el Gobierno tendría cierto control sobre el volumen del mercado e incidencia.

Conclusión

La crítica más común que se escucha sobre los Cedin es que se está repitiendo la historia del Patacón, aquella "cuasimoneda" que circuló durante la crisis de 2001.

A mi juicio, los patacones y los Cedin no tienen absolutamente nada que ver.

Los patacones fueron emitidos por la provincia de Buenos Aires ante la imposibilidad de emitir pesos, y el respaldo de los mismos era la "buena fé" de la provincia en pagarlos. Los Cedin, en cambio, son emitidos por el gobierno nacional y cuentan con dólares billete como respaldo.

¿Emitirá el Gobierno Cedin de más, es decir, por encima de los capitales captados en el blanqueo? Nadie puede asegurar que eso no suceda, pero sería ir en contra de sus propios intereses: si el público percibiese que ello está ocurriendo, el valor de los certificados se derrumbaría y su aceptación bajaría. Además, los bancos no tendrían el físico de dólares disponible para entregar a aquellos que acudan a ventanilla a canjear sus certificados.

Lejos de oficialistas y opositores, y reafirmando que éticamente es muy cuestionable el blanqueo, la única ideología que tiene el capital es el de la rentabilidad, y el mercado de los Cedin puede generar ganancias interesantes para aquellos que se interioricen de los detalles operativos y prácticos con el objetivo de participar de este nuevo mercado.

Un inversor debe ser lo más racional posible para analizar las nuevas oportunidades de negocio en función de sus capacidades e intereses personales.

Como en todo nuevo negocio, las ganancias más importantes serán de aquellos que primero entren en el juego.

 

Comentario de Horacio Krell

Que sea negocio es lo de menos. Propone evitar la cuestión ética e ingresar en el juego sucio porque es un buen negocio. Un negocio no es un negociado. El asunto es paradójico: Un proyecto del ejecutivo que sanciona su escribanía en el congreso y la inacción de la justicia, hacen funcional algo que no debería funcionar. Son leyes no contempladas en las promesas electorales que se sacan de las manos de la ciudadanía y de la realidad social, que producen efectos que nada tienen que ver con ella. Ningún ciudadano habría votado la terrible presión fiscal para los que cumplen la ley y un sucio blanqueo para los evasores. El delito ya se cometió pero se ofrece un negociado donde el comitente será inocente. Así no hay solución para los problemas nacionales, es una quiebra democrática de hecho producida sin que nadie pueda impedirlo. Los países que funcionan tienen otras reglas e instituciones: propiedad privada, educación de excelencia, corrupción cero, seguridad jurídica. Eso es democracia.




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