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La National Football League (NFL) de fútbol americano, organizó la final del Super Bowl en el estadio Cowboys de Dallas, el más lujoso del mundo, cuyo costo fue 1200 millones de dólares y posee una capacidad para 103.000 espectadores. Los Empacadores de Green Bay, que resultaron campeones, son el antimodelo ante la creciente privatización del deporte profesional, ya que sus dueños son los ciudadanos del estado de Wisconsin.

 

Marzo 2011  | Publicado en la

 

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FÚTBOL: “MODELO DEL TRABAJO EN EQUIPO”

Por Horacio Krell

 

La National Football League (NFL) de fútbol americano, organizó la final del Super Bowl en el estadio Cowboys de Dallas, el más lujoso del mundo, cuyo costo fue 1200 millones de dólares y posee una capacidad para 103.000 espectadores. Los Empacadores de Green Bay, que resultaron campeones, son el antimodelo ante la creciente privatización del deporte profesional, ya que sus dueños son los ciudadanos del estado de Wisconsin.

En cambio, el club privado Washington Redskins demandó en 2009 a una abuela de 72 años, antigua simpatizante del equipo, porque no pudo pagar el abono.

En 1919  empleados de la Indian Packaging Company, crearon el equipo campeón que casi fue a la quiebra en 1923. 100.000  hinchas pusieron dinero para evitarla. Desde entonces logró 13 títulos. Jamás habría podido ganar el Super Bowl sin el apoyo de la gente.

En febrero sus jugadores salieron en defensa de los trabajadores cuando el gobernador Scott Walker -que declaró a febrero "el mes de los Empacadores"- quiso imponer un recorte de salarios. El equipo campeón de la NFL no tiene fines de lucro y sus  trabajadores, con salarios recortados, financian los contratos millonarios de los jugadores. 

 

El fútbol  como modelo empresarial. Como en el fútbol americano el fútbol 11 suele emplear a jugadores ricos. Nadie conoce a los trabajadores de las empresas mientras que los futbolistas profesionales son estrellas sociales ¿En qué se diferencian?

Ambos deben tener condiciones físicas y técnicas para hacer su trabajo, pero el futbolista toma decisiones sujetas a su intuición y el asalariado hace lo que le ordena su jefe.

El  jugador entrena para mejorar la coordinación del conjunto, en cambio en la empresa todo es cuestión de que cada uno haga bien su tarea. En el fútbol se reconoce al que trabaja en equipo, como al que ayuda para que otro compañero haga el gol.

Cuando un jugador es transferido debe reemplazarse por otro que aporte resultados similares, en las empresas un trabajador puede ser reemplazado por cualquier otro. Los jugadores son los vendedores del club, si ganan consiguen mejores sponsors y más se cotizan.  El empleado medio no suele interesarse en las ganancias de la empresa.

 

Escuela de fútbol. El jugador aprende jugando en la cancha y es evaluado por su rendimiento, el trabajador fue un estudiante que aprendió en el aula. Al jugador no se le pide un CV, ellos deben mostrar sus destrezas individuales y de colaboración. Los trabajadores se seleccionan según sus estudios previos y antecedentes reflejados en su CV.

El club tiene un sistema interno de reclutamiento, son sus divisiones inferiores donde se progresa practicando. El trabajador proviene de escuelas donde memoriza y repite textos.

El entrenador del futbolista fue jugador, así que conoce el trabajo por haberlo realizado.  Los  jefes de las empresas suelen no saber hacer lo que sus empleados realizan.

El jugador no tiene clases teóricas, practica todo el tiempo, el estudiante teoriza en el aula sobre el trabajo que deberá realizar. Mientras que los chicos del fútbol desean quedarse en el club y llegar a primera división, los estudiantes ven su futuro lejos de la escuela y para ellos la realidad es la enciclopedia con la que se supone que aprenden.

El error del sistema educativo es creer que la vida es una gran escuela y que, para que todo salga bien, hay que saber cada vez más. Para el estudiante la universidad es un trampolín al trabajo pero las empresas esperan otra cosa, que sepan trabajar.

El jugador aprende siempre, tiene  feedback directo con la realidad y ensaya variantes  que luego pone a prueba. En la escuela sólo hay que tener buenas notas para pasar de grado.

En el fútbol se piensa en el equipo, en la escuela se compite con los demás alumnos.

No se puede dominar el trabajo en equipo sin desplegar  habilidades de colaboración, comunicación, toma de decisiones, liderazgo y  resolución de problemas.

Quizás la diferencia esencial sea que el jugador está más motivado ya que trabaja en lo que le gusta mientras que el empleado trabaja por el salario. El estado de ánimo del jugador es la clave de su rendimiento. Si el  jugador no colabora, el equipo no funciona por más bueno que sea. En el fútbol muy pocos equipos triunfan, por eso aprenden también de la derrota.

No se puede pensar en equipo sin una visión compartida y sin valores y reglas que permitan alcanzarla. Todos conocen el objetivo y su contribución. Pocas empresas pueden decir lo mismo. Lograr el alineamiento del trabajador con los objetivos de la empresa es el anhelo frustrado de muchos directivos. 

Cuando termina el partido se analiza lo ocurrido para reforzar la conducta deseada y corregir errores. Cada jugador sabe así cómo va todo y puede expresarse libremente.  Se lleva un registro estadístico completo que incluye el tipo de alimentación, el estado físico, y todo lo que permita evaluar su rendimiento. Nada de eso ocurre en la empresa.

 

La competencia. En el fútbol gana el equipo que marca más goles, a mayor posesión de la pelota mayor es la probabilidad de ganar. Un equipo triunfador tiene mentalidad ganadora. El que juega al contraataque depende del azar. El prototipo del club ganador es el Barcelona de España, otros equipos tienen buenos jugadores pero no se animan a jugar.

El que juega, se divierte y construye. En las empresas la tarea es rutinaria.

La mente tiene que independizarse de las piernas. Los automatismos individuales y colectivos  liberan al cerebro para aplicar las destrezas a crear jugadas que terminan en gol. En un trabajo rutinario es poco habitual que a un trabajador se le pida que genere ideas.

La creación implica cambiar ante un obstáculo, la incertidumbre está siempre presente ante distintos contextos y rivales. Es vital la capacidad de anticiparse para llegar primero.

 

La identidad. Es necesario armonizar la identidad individual (cada cual con la suya) y la identidad colectiva (común para todos). Es tan malo que la identidad colectiva sea débil por falta de cohesión, como que  aplaste la identidad individual. La armonía está en un punto intermedio entre la anarquía y el totalitarismo.

Un líder consigue que las personas actúen con la convicción de que comprendieron. Un líder es  alguien de quien se aprende.

Mientras que un jugador tiene cada semana un encuentro con los hinchas que lo alientan o critican y los medios están pendientes de él, los trabajadores  reciben tan solo un feedback indirecto de sus jefes o de los consumidores que demandan los productos de la empresa.

 

Cerebro individual y cerebro social. El cerebro participa en la supervivencia con su capacidad de anticiparse. Como el corazón necesita sangre para funcionar, el cerebro precisa el desafío. Si todo es previsible, el cerebro no se incentiva. Pero si la incertidumbre es excesiva y nada es previsible, se frustra porque no resuelve lo que no puede anticipar.

El goce intelectual incluye indicios de anticipación y de sorpresa. Un equipo es una empresa humana y, como tal, su grandeza depende de los seres que la integran.

Sin el apoyo de la tecnología es difícil concretar los objetivos. El futbol es, ante todo, un negocio y por esa razón atrae dinero y egos. Su modelo de organización del conocimiento es tan interesante que tarde o temprano muchas organizaciones lo terminarán imitando.

Es difícil reunir en una sola persona todas las funciones del cerebro. Para optimizar el rendimiento hay que compensar debilidades asociándose con  cerebros complementarios. La esencia  del trabajo en equipo es que líder reúna la diversidad y el mérito dejando de lado la tentación del amiguismo. Convocar a los amigos suele cegar la objetividad. 

Los equipos de alta competición tienen creativos que aportan las ideas, analíticos que eligen las mejores, innovadores que las concretan, estabilizadores que generan  la rutina y socializadores que venden lo que el grupo produce.

La calidad bien entendida empieza por conocerse uno mismo y la sinergia positiva armoniza los componentes con el todo, creando un poderoso cerebro social, donde el todo resultante, el equipo, es superior a la suma de las partes.

 

La actitud es lo que cuenta. El intelectual trabaja con conceptos, el hombre de acción con personas. El creador innovador le da forma a la ideas, es un cre-actor entre dos mundos. Jefe y empleado miran distinto, pero la empresa se debe a su cliente. Un señor pide un trago, no le gusta, recién el tercero lo satisface ¿Por qué el barman no lo hizo bien de entrada?  La actitud es un intangible esquivo, escurridizo y esencial. Sólo a 1 de cada 5  lo apasiona su trabajo. La sensación de desafío es la clave del  aprendizaje.

Si algo te gusta lo practicas y así lo perfeccionas. La escuela no halló tu vocación ni te enseñó a concretarla. Sólo aprendiste a rendir exámenes y a graduarte. Lo que necesitas es un cerebro pensante, libertad y menos jerarquías. Hay que gestar otra actitud que evite personas reactivas, temerosas, pasivas, a las  que el jefe les indique lo qué deben hacer. Confucio dijo: "elige un trabajo que ames y no trabajarás un solo día de tu vida". Sé feliz.

 

· Ceo de Ilvem, consultas a horaciokrell@ilvem.com




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