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Silvia Naishtat.
A partir de sus propias
dificultades durante los primeros años de la universidad, los hermanos Arnaldo y
Horacio Krell inventaron un método de estudio basado en...la lectura veloz.
Pero no sólo encontraron la vuelta para aprobar exámenes. También edificaron
velozmente un gran negocio.
Ilvem (Instituto de lectura veloz, estudio y memoria) se proyecta hoy a casi
toda América latina, donde logró introducir un sistema que es casi una religión.
La devaluación los empujó a la salida exportadora, hacia países más
lejanos que Uruguay, donde ya están desde hace 25 años. Este enero desembarcaron
en Panamá y en Colombia. En Ecuador montaron una sede desde donde capacitan a
casi todos los países de la región andina con el aprendizaje a distancia.
Otro dato: el software educativo de Ilvem también hizo pie en España y en estos
momentos están armando una red de franquicias con base en Sevilla.
En la Argentina, la academia es la única superviviente después del cierre de
otro clásico, la Pitman, que enseñó a varias generaciones a escribir a máquina.
Los de Ilvem aseguran que no corren el mismo peligro: se sienten a la vanguardia
en métodos de aprendizaje.
En estos 35 años de vida pasaron por Ilvem 250.000 alumnos que
recuperaron la autoestima al aprender a pensar creativa y estratégicamente, de
acuerdo a Krell. Una parte son secundarios y universitarios, aunque las aulas
están cada vez más pobladas por ejecutivos. La facturación de la matriz y
sus filiales muestra el fenómeno: araña los US$ 400.000 mensuales.
Horacio Krell sintetiza su filosofía en la etimología de educar, del latín
ex ducere, que significa encaminar. Lo que falló, precisamente, fue el
intento de encaminar la relación con su hermano.
Se ha vuelto casi costumbre en muchas pymes familiares cuando no tiran parejo o
alguno se siente relegado. Al final, Horacio terminó comprando la mitad de
Arnaldo.
Clarín, EL PAÍS, Domingo 20 de
Febrero de 2005
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